July 10, 2006

El viaje.

Apretó fuertemente los dientes...

La sensación producida por el despegue, siempre lo había inquietado.

Temor a las fallas técnicas, a lo incierto del devenir o simplemente a perder el arraigo a todo aquello que le era familiar. Lo que fuese, pero volar no era de su agrado.

Pensar que algunos envidiaban esta situación, sin embargo, para él, tomar una micro, el metro, o estar en el avión era igual de incómodo.

Su contextura, requería de asientos más distantes.

Ojalá en las escalas del vuelo, nadie ocupara el asiento a su izquierda. Al menos, eso le producía cierta tranquilidad.

Se elevó..

De nada sirvió la recomendación de masticar chicle, nuevamente la molesta sensación de oídos tapados y punzantes estaba acompañándolo.

Que tendría de bueno este viaje.

Sabía que tras de sí, en la puerta en que quedan quienes aman, dejaba sembrada una semilla de duda y dolor.

Ingenuamente intentaba disiparla.

Se esforzaba tratando de explicar lo que para él, era innecesario, pero, como cristal que se triza, le era imposible borrar la fisura.

Es más, con el viaje, esas líneas parecían expandirse con igual vehemencia, que raicillas en busca del líquido vital.

Un incipiente dolor de cabeza se apostó en su zona frontal. Se tocó la frente con un gesto que era recurrente en él.

Respiró profundo, tratando de llevar con esa bocanada de aire, seguridad y verdad a su alma.

De pronto, una mano suave, amiga, se posó en la suya para transmitirle confianza y seguridad, pero realmente esta vez, sólo le inquietó más.

No pudo esquivarla o, no quiso hacerlo.

Un torbellino de pensamientos cruzó vertiginosamente por su mente.

Ya estaba allí.

Todo, a estas alturas sería inevitable.

En todo caso, lo que ocurriera sería parte de su carga. Una carga asumida que sabía, se ocultaría en el fondo de su mirada.

Recordó a sus cómplices.

Quitó su diestra del calor y protección brindado por la mano acompañante.

Buscó con premura en el bolsillo interior de su chaqueta, los sacó del estruche y se los puso cual escudo protector.

Una voz cercana le susurró: -Te hacían falta, por eso tu molestia.

- Claro, había olvidado cuanto los necesito. Respondió, mirándola tras ellos.

Una vez más respiró profundo.

Se acomodó hacia su izquierda. Simuló ser presa de un profundo sueño y cerró los ojos.

1 comment:

Alein@d said...

MMMmmmm, tal vez...