May 28, 2006

Recuerdos de una vieja linda...

Hace un par de años, tuve la oportunidad de hacer un perfeccionamiento en una cálida y particular isla fuera de Chile.
Una de las profesoras me cautivó por su voz, su suavidad y sus innovaciones metodológicas.
En su clase, era una de las alumnas más aventajadas, (en  las otras también ) por mi participación y la capacidad de asociar la teoría, las ideas reinterpretadas y la práctica.
De hecho, con ella, conocí a una gran escritora, Excilia Zaldaña, quien me encantó, por su cercanía a mi propia historia; además de su estilo, sencillo y sublime a la vez .
En una de las últimas clases, la profesora, nos invitó a escribir preguntas y respuestas poéticas a partir de lo tratado en la clase. Obviamente me sentí absolutamente motivada y me lancé en un acto creativo. Como insumo tenía toda la convulsión que había generado en mi mente, desde los recuerdos, hasta sus nuevas propuestas..
Inspirada hice trabajar al unísono, mente, mano y lápiz. Esperaba que mi escrito estuviera bien, pero especialmente, que a ella le gustara. Ese era el elemento mas importante para mí, creo que lo pensé como un regalo...
Me retiré feliz, esperando que pasaran los días para el próximo encuentro, en donde tendría su aporte ya que sabiamos todos, por lo que nos había enseñado, que cada creación retornaría con una valiosa retroalimentación para nuestro proceso creativo. Además esto después se extrapolaría a nuestras diversas realidades.
En la clase siguiente, esperábamos impacientes, que nos devolvieran nuestras pequeñas obras..Teníamos claro, que el orden en la entrega sería de acuerdo al nivel de elaboración..
¿Pueden imaginar en que lugar estaba la mía? ¡¡¡Hagan sus hipótesis!!!
¡¡¡No!!! No fue la última, pero estuvo bastante cerca diría yo..
De todo, lo mas triste fue la retroalimentación, tres palabras en una oración. De reojo, no pude evitar mirar los entrecomillados párrafos; retroalimentación de otros.
¿Qué culpa tuve yo de recordar a mi gran babushka  y mis experiencias en todo ese proceso?

Mi amiga y compañera de habitación me decía que la docente se sintió reflejada con lo que escribí, y eso a veces no es grato..
Trato de pensar cuáles fueron esas tres palabras de la paupérrima retroalimentación. A   pesar que me caracterizo por tener buena memoria no las puedo recordar, sin embargo, memoricé perfectamente lo que escribí y el contexto de la historia que les narré..
Pero basta de buscar explicaciones, aquí va la creación de ese 2003.
Diálogos.
Abuela:- ¿Cómo te llegó la vejez?
Creo, mi dulce niña, que
a pesar de las experiencias,
no fui lo opuesto al temido dicho:
"arrugas primero, sabiduría después"

Abuela:- ¿Cuándo te llegó la vejez?
Creo, mi tesoro, sin temor a equivocarme,
al no apretar con fuerzas y pasión
el bello cuerpo del que más amé.
Mis cansados brazos, de ello dieron fe.

Abuela:- ¿Qué es lo más doloroso de la vejez?
Creo, mi curiosa niña, que
al observar mi mirada, podrás
ver risas de niños, caricias, pasión,
experiencias vividas, sin rastro de dolor.
Abuela:- ¿Que inunda ahora tu mente?
Creo, mi tesoro inquieto,
que no puedo responderte,
el pasado, el presente y un futuro
inexistente, se mezclan, perturbadoramente..


Te quiero abuela. Mi gran babushka.

1 comment:

Alein@d said...

Te centraste en la narración. Me parecen súper atinadas las ideas que planteas respecto a evaluación..
Y el poema???