October 11, 2006
Crónica extravertida y taquilálica.
Sólo siento que me empujan.
Al salir del bus, bajo la escala en medio de una multitud que me arrastra..
Se abren puertas y entro, sin siquiera pensarlo, la masa humana continúa llevándome.
Se abren puertas y salgo, sin pensarlo tampoco, nuevamente me empujan.
Subo flanqueada la escala mecánica que, supongo, me lleva al lugar que necesito.
La suerte o la inercia me acompañan y logro llegar a mi primer objetivo.
Busco alguna cara que me sea familiar, misión que creo casi imposible, pues soy una provinciana lejos de su ciudad, sin embargo, distingo rostros que me resultan familiares...
Los mismos rostros que están en los mismos lugares, en que ellos y yo, nos planteamos las mismas expectativas.
Queremos estar ahí, por eso estamos, pero somos pocos y los mismos.
Un Aula Magna, semi llena, viéndolo positivamente.
Se desarrolla la actividad que quería presenciar y me siento a gusto, ratifico parte de mi quehacer, cuestiono otro tanto...
Termina la demostración, se analiza, se reflexiona, se concluye...
Empiezo nuevamente mi odisea...
Llego al Metro, ahora son menos los que me llevan, pero de todas maneras no voy sola...
Se abren las puertas y al menos puedo pensar hacia donde me dirijo...
Cuento estaciones, una, dos, tres, cuatro, es la última mi destino...
Me bajo, estoy de suerte apenas dos alfiles para subir la escala mecánica.
Busco los colectivos que me llevan a mi segundo objetivo...
Cerca de la plaza me dijeron ¿Qué se hizo la maldita plaza?
La modernidad ha hecho estragos, edificios emergentes, camino un tanto desorientada, al fin en medio de mallas y escombros los veo.
El color negro y amarillo, sumado al letrero, me devuelven la quietud.
Me subo, espero uno diez minutos, se llena y comenzamos el camino hacia un mundo que desde mi ventana se ve distinto...
Casas, casitas, casonas, parece que los aumentativos se quedaron pegados en este lugar..
El chofer me pasea junto a mis tres ocasionales acompañantes...
Se baja uno. Quién dirige el auto, nos cuenta, es el hijo de la Ministra de Defensa que va a su casita...
Me carga que me hablen en un auto, que me busquen conversación o que me cuenten lo que no quiero saber..
Me da un paseo por la Dehesa y finalmente me lleva a destino.
Respiro profundo, al fin llegué.
Ubico mi habitación en aquella residencia inserta en lo que parece ser una oda a la paz...
Tengo hambre, subo a almorzar....
Apelo a que me cambien el plato de fondo y lo logro...
Me siento tranquila, tan tranquila, que por un momento, deseo sacar la bandera blanca y ondearla en son de paz...
Pero este Santiago odioso no ofrece paz,
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4 comments:
Y habrá algún lugar que ofrezca paz que no sea nuestra habitación, en nuestra cama, leyendo, pensando, dibujando, escribiendo?.... quizás no.
Pero cuál paz? la de afuera?... yo la encuentro a veces cuando me fumo un cigarro sentada en un paseo peatonal mientras un par de viejos me miran con cara de querer almorzar...
En fin.
Chuaaaaa más desaparecida que tú pos..... y? donde estás?
Hola Invisible...
Estoy, pero mas en traslaciones que aquí. Tal como a tí los "estados" me absorben..
Saludos y gracias por buscarme...
Que tal Luis, agradable tu visita, como siempre.
Buena comparación la del comercial, pero como dueña del texto..allí entre líneas hay algo sólo mío, que no tiene semejanza alguna con lo que mencionas...
Pero las interpretaciones son libres.
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